Una de las experiencias más significativas en la vida de muchas personas es la de ser padres, yo milito en este grupo, entre quienes han descubierto en ese oficio la profundidad del misterio de la Vida. Sin lugar a dudas vivencia que nos acerca a la dimensión divina de la experiencia humana, donde compartimos el milagro del hálito vital.
Y me refiero a la paternidad directa, aquella que se ejerce con exclusividad, esa que se presenta como factor de dependencia absoluta del hijo o hija; porque hay otras formas también de ser padres y madres, de nietos, de sobrinos, de vecinos, ... en fin de cada niña y niño que ponen sus pies sobre este mundo, situación en la que todas y todos nos debemos sentir solidariamente padres y madres (pero de eso podemos hablar en otra oportunidad).
He recibido (hasta el momento) el regalo de vivir dos veces esta experiencia, cada una de ellas con sus propias particularidades, en diversos tiempos, cada una de ellas muy especial. La primera fue hace ya más de 13 años, fue ahí donde la vida se encapricha y permite que en una de millones y millones de posibilidades se haga el milagro. Y la probabilidad se transforma en certeza, el deseo en presencia... lo potencial en concreto.
Esteban llegó para revolucionarlo todo, no sé si le pasó a otros o a otras, pero si hay algo que ha trastocado mi existencia es la llegada de los hijos. Son episodios que tienen un componente fuerte de dependencia. Es imposible volver a tener las mismas formas de pensar el mundo, todo lo que me sucede tiene que pasar por pensar en las implicancias que tiene para el nuevo ser, ese que llega sin conciencia de ser, sin expectativa alguna, desnudo, desnudo de ropa, desnudo de lenguaje, desnudo de maldad, desnudo de prejuicios, en fin como una hoja en blanco... dispuesta para que escriba en ella su propia historia. Han sido años maravillosos de acompañamiento, de aprendizaje, de descubrimiento, de asombro, en fin explorar en el oficio de padre.
Fue durante este tiempo que pude darle una definición al amor que sentía por él... un afecto distinto a todos los otros que había experimentado: un amor VISCERAL, si, como de la guata, un amor que no se escoge, que no se aprende, que no se hereda, que no se piensa, ... visceral, inexplicablemente visceral, un amor ENTRAÑABLE (desde las entrañas).
Luego, hace 7 años, viene Ella, que llegó a nuestra vida de una forma distinta pero igual de significativa. En este caso la vida se encaprichó de otra manera, nosotros queríamos ser nuevamente papás, pero la ley de las probabilidades biológicas no lo permitían. Nunca supimos si los taimados eran los pretenciosos espermios o eran los coquetos óvulos, la ciencia médica no lo pudo determinar. Pero todo ello permitió que un proyecto incubado en nuestra mente muuuuuchos años atrás con Denisse se hiciera presente. Nuestras ganas de paternidad (maternidad) no se agotaron en las posibilidades biológicas, habíamos tomado una decisión... queríamos ser papá, mamá y hermano (él también participo activamente en la decisión), entonces el camino fue la adopción (hoy solo una anécdota). Aún recuerdo la emoción cuando nos llamaron para conocer a la Fran, aún me emociona recordar lo que sentí, que fue tan similar a lo vivido varios años atrás. Hoy la adopción ya es parte de la historia, porque ella "fue" adoptada, hoy solo es mi HIJA.
Este regalo ha sido tan significativo en mi vida. Vivía ahora la maravilla de la paternidad por segunda vez de una manera tan distinta y tan igual, tan distintas en la forma que se dio, pero tan igual en el sentimiento que viví y vivo, desde el primer día que la vi. Nuevamente se hacía presente ese amor VICERAL y ENTRAÑABLE, nuevamente la vida me ofrecía compartir el misterio del amor. Otra oportunidad de sentirme profundamente humano.
La Francisca y el Esteban son dos experiencias, dos oportunidades, dos senderos para acercarme al oficio de ser papá, dos fuentes de afecto y dos destinatarios de mi amor. Dios, la vida, el destino, en fin, como tú quieras, me permitió vivirlo, experimentar la paternidad. Y no es que sea el mejor papá del mundo, muy lejano estoy de ello, pero a mi hija e hijo mis entrañas los reconocen y mis vísceras saben que los amo.
Pero por qué les cuento todo esto???... porque puede que por ahí, entre alguno o alguna de ustedes, estén buscando incansablemente ser papá o mamá y hayan visitado uno y otro médico, hecho uno y otro examen ... y nada.
¿No has pensado en que la adopción es una vía posible para vivir el milagro de la maternidad o paternidad?
No te restes posibilidades... quieres ser papá(mamá)?... estoy seguro que hay alguno o alguna por ahí que quiere ser tu hija o hijo.
Un abrazo fraterno,
Mauricio Naranjo Vera
Invierno 2010