viernes, 20 de julio de 2012

CÓMO HEMOS CAMBIADO...


Hay un tema que hace mucho tiempo se presenta en mis conversaciones, que aparece como causa o explicación de realidades y que ahora comparto con ustedes, sin otro ánimo más que el de pensar en voz (escritura) alta y con la seguridad que está lleno de sesgos y subjetividades de mi propia historia.

Creo haber vivido lo suficiente para darme cuenta cómo ha cambiado el mundo en las últimas décadas, por lo menos las últimas cuatro. Especialmente en lo que tiene que ver con el ser humano.
Hemos cambiado tanto: nuestros caracteres, las formas en que nos relacionamos, como nos “criaron” nuestros padres y cómo “criamos” a nuestros hijos, cómo se establecen las relaciones de pareja, cómo se construyen las amistades, cómo hemos modificado nuestro lenguaje, cómo cambiamos nuestros paradigmas, cómo nos alimentamos, como nos vestimos, cómo establecemos las relaciones laborales, uf… ahora mismo me doy cuenta de que son tantos los aspectos que han y hemos cambiado en estos últimos años, algunos conscientes y otros solo nos han abordado y superado.

Sin embargo, creo que este cambio de tanta magnitud ha sido asimétrico, en algún sentido cuando hablamos de este cambio en el género femenino hablamos derechamente de una evolución del género, pero esto no tiene la misma resonancia en sus congéneres masculinos.
Yo siento que esta asimetría en el cambio experimentado por hombres y mujeres ha generado una serie de consecuencias, muchas de las cuales hoy somos testigos y otras tantas que seguramente no llegaremos a ver en forma presencial.

Cuando hablo de asimetría me refiero básicamente a la diferencia abismal entre lo evolucionadas que están las féminas en comparación con el género masculino.

Tengo la sospecha que de tanto darle al género femenino… agarraron un día su vida y todo lo poco que les pertenecía y partieron un camino que ha sido duro, difícil y largo. Donde algunas tomaron la vanguardia en días que dicha postura era una simpática locura. Dicen que allá por el siglo XVIII están los orígenes del feminismo y hasta ahora ha corrido mucha sangre, ha habido muchas muertes (hasta el día de hoy), mucha historia.

Pero en la historia reciente es donde como particular testigo de los acontecimientos me atrevo a decir, que si el avance (evolución) del género femenino ha sido impresionante, los hombres no hemos estado a la altura de ese desafío, muy por el contrario, esta mutación de las féminas ha traído una serie de traumas a muchos de nosotros que no sentíamos que también debíamos evolucionar. Parece que eso siempre le ocurre a quienes detentan el “poder”.

Los hombres nos hemos visto sobrepasados por los acontecimientos y sobre todo por otro tipo de mujer, ya no son las mismas, conocieron (conocimos) a sus (nuestras) madres y cuando crecieron, se emparejaron, se casaron y ya no eran las mismas. Y nadie les enseñó ni les dijo como enfrentarse a esta nueva realidad, a estas nuevas mujeres, dueñas de sí mismas, con ganas de gobernar-se sin pedir permiso a nada ni a nadie.
Y que tenemos hoy:

  • Mujeres autovalentes con hombres que fueron formados para cuidar a “su” mujer.
  • Mujeres que no piden permiso con hombres que entendían que ellos mandaban.
  • Mujeres profesionales con hombres que nunca vieron en una mujer una competidora en el ámbito laboral.
  • Mujeres que por haber tenido una historia de emancipación no tienen traumas, se arriesgan, su futuro está ahí para dibujarlo como ellas lo quieran hacer, a pesar de los costos que deban soportar. Al frente (o al lado) hombres llenos de trancas que viven con lógicas mentales superadas por la historia.
Hoy ellas no dudan, si deben divorciarse… lo hacen (femicidios incluidos). Hay hechos tan triviales como si están en una fiesta y tienen ganas de bailar, lo hacen, solas o con otras mujeres, no necesitan de un hombre para hacerlo, hace 30 o 40 años  eso era impensado.

Fíjate que las mujeres viven cada vez más sin complejos, sin ataduras. Hay que recordar que su vida (historia) ha sido una escuela de represión.

Se les dijo siempre cómo debían ser, cómo comportarse, cómo pensar, cómo vestirse, cómo ser esposas, cómo (no) amar, cómo había cosas que nos les pertenecían, su sexualidad no era de ellas, otros decidían sobre ellas.

Y el sexo “fuerte” (?), el género masculino después de ser golpeado por esta realidad, no sé si está tratando de volver a tomar su propio equilibrio. Pienso que su tarea es hoy por hoy buscar dentro de sí sus propias carencias, revisar sus traumas, sus esquizofrenias e intentar hacer un camino de sanación, sin apuro, sin esperar que sea inmediato, pero avanzando. Buscar sin complejos todo aquello que lo haga estar con las competencias básicas para enfrentar este nuevo “paradigma”, este nuevo “modelo” de mujer, con el único fin de transformarse en un hombre que tenga todo lo necesario para caminar junto a esta nueva MUJER.
Cuánto durará esto? No lo sé. Pero no será fácil, no está siendo sencillo, habrá que apelar a la humildad, reconocer que somos los NO-evolucionados. Re-construirnos, re-educarnos para amar y acompañar como nuevo ADÁN a esta nueva EVA.

(Escrito por un hombre que agradece a tantas amigas y amigos que han ayudado a esta reflexión)


Invierno 2012
Mauricio Naranjo Vera