Hay un tema que hace mucho tiempo se presenta en mis
conversaciones, que aparece como causa o explicación
de realidades y que ahora comparto con ustedes, sin otro ánimo más que el de
pensar en voz (escritura) alta y con la seguridad que está lleno de sesgos y
subjetividades de mi propia historia.
Creo haber vivido lo suficiente para darme cuenta cómo ha
cambiado el mundo en las últimas décadas, por lo menos las últimas cuatro.
Especialmente en lo que tiene que ver con el ser humano.
Hemos cambiado tanto: nuestros caracteres, las formas en que
nos relacionamos, como nos “criaron” nuestros padres y cómo “criamos” a
nuestros hijos, cómo se establecen las relaciones de pareja, cómo se construyen
las amistades, cómo hemos modificado nuestro lenguaje, cómo cambiamos nuestros
paradigmas, cómo nos alimentamos, como nos vestimos, cómo establecemos las
relaciones laborales, uf… ahora mismo me doy cuenta de que son tantos los
aspectos que han y hemos cambiado en estos últimos años, algunos conscientes y
otros solo nos han abordado y superado.
Sin embargo, creo que este cambio de tanta magnitud ha sido
asimétrico, en algún sentido cuando hablamos de este cambio en el género
femenino hablamos derechamente de una evolución del género, pero esto no tiene
la misma resonancia en sus congéneres masculinos.
Yo siento que esta asimetría en el cambio experimentado por
hombres y mujeres ha generado una serie de consecuencias, muchas de las cuales
hoy somos testigos y otras tantas que seguramente no llegaremos a ver en forma
presencial.
Cuando hablo de asimetría me refiero básicamente a la
diferencia abismal entre lo evolucionadas que están las féminas en comparación
con el género masculino.
Tengo la sospecha que de tanto darle al género femenino…
agarraron un día su vida y todo lo poco que les pertenecía y partieron un
camino que ha sido duro, difícil y largo. Donde algunas tomaron la vanguardia
en días que dicha postura era una simpática locura. Dicen que allá por el siglo
XVIII están los orígenes del feminismo y hasta ahora ha corrido mucha sangre, ha
habido muchas muertes (hasta el día de hoy), mucha historia.
Pero en la historia reciente es donde como particular
testigo de los acontecimientos me atrevo a decir, que si el avance (evolución)
del género femenino ha sido impresionante, los hombres no hemos estado a la
altura de ese desafío, muy por el contrario, esta mutación de las féminas ha
traído una serie de traumas a muchos de nosotros que no sentíamos que también
debíamos evolucionar. Parece que eso siempre le ocurre a quienes detentan el “poder”.
Los hombres nos hemos visto sobrepasados por los
acontecimientos y sobre todo por otro tipo de mujer, ya no son las mismas,
conocieron (conocimos) a sus (nuestras) madres y cuando crecieron, se
emparejaron, se casaron y ya no eran las mismas. Y nadie les enseñó ni les dijo
como enfrentarse a esta nueva realidad, a estas nuevas mujeres, dueñas de sí
mismas, con ganas de gobernar-se sin pedir permiso a nada ni a nadie.
Y que tenemos hoy:
- Mujeres autovalentes con hombres que fueron formados para cuidar a “su” mujer.
- Mujeres que no piden permiso con hombres que entendían que ellos mandaban.
- Mujeres profesionales con hombres que nunca vieron en una mujer una competidora en el ámbito laboral.
- Mujeres que por haber tenido una historia de emancipación no tienen traumas, se arriesgan, su futuro está ahí para dibujarlo como ellas lo quieran hacer, a pesar de los costos que deban soportar. Al frente (o al lado) hombres llenos de trancas que viven con lógicas mentales superadas por la historia.
Hoy ellas no dudan, si deben divorciarse… lo hacen
(femicidios incluidos). Hay hechos tan triviales como si están en una fiesta y
tienen ganas de bailar, lo hacen, solas o con otras mujeres, no necesitan de un
hombre para hacerlo, hace 30 o 40 años
eso era impensado.
Fíjate que las mujeres viven cada vez más sin complejos, sin
ataduras. Hay que recordar que su vida (historia) ha sido una escuela de
represión.
Se les dijo siempre cómo debían ser, cómo comportarse, cómo
pensar, cómo vestirse, cómo ser esposas, cómo (no) amar, cómo había cosas que
nos les pertenecían, su sexualidad no era de ellas, otros decidían sobre ellas.
Y el sexo “fuerte” (?), el género masculino después de ser
golpeado por esta realidad, no sé si está tratando de volver a tomar su propio
equilibrio. Pienso que su tarea es hoy por hoy buscar dentro de sí sus propias
carencias, revisar sus traumas, sus esquizofrenias e intentar hacer un camino
de sanación, sin apuro, sin esperar que sea inmediato, pero avanzando. Buscar
sin complejos todo aquello que lo haga estar con las competencias básicas para
enfrentar este nuevo “paradigma”, este nuevo “modelo” de mujer, con el único
fin de transformarse en un hombre que tenga todo lo necesario para caminar
junto a esta nueva MUJER.
Cuánto durará esto? No lo sé. Pero no será fácil, no está
siendo sencillo, habrá que apelar a la humildad, reconocer que somos los
NO-evolucionados. Re-construirnos, re-educarnos para amar y acompañar como
nuevo ADÁN a esta nueva EVA.
(Escrito por un hombre que agradece a tantas amigas y amigos que han ayudado a esta reflexión)
Invierno 2012
Mauricio Naranjo Vera