viernes, 20 de diciembre de 2013

En una cueva...

Estos días de luces, gentíos, tacos, días de árboles iluminados y de tiendas llenas de gentes comprando obsequios. Tiempos de amigos secretos, de viejos pascueros, de renos y trineos por doquier. Son tiempos en los que cuesta des-cubrir el origen de esta fecha.

Y a pesar de tanto regalo, de tantas luces que a veces no dejan ver, es tiempo de Navidad, la Natividad de Jesús, es el cumpleaños de aquel que marcó para siempre la historia de la humanidad. Tiempo en el que renacen sentimientos más amorosos y humanos.

Y cuando revisamos este episodio de la historia, que desde el mundo de la Fe representa el Misterio de la Encarnación, el paso de Dios por la historia, invariablemente fijamos nuestra mirada en Belén y en particular en el portal, pesebrera, en fin ahí donde se gesta el milagro.

Hoy vemos tantos pesebres tan bellamente adornados, pero, dónde y cómo nació Jesús...???

La tradición y los historiadores nos señalan que lo más probable es que haya nacido en una gruta o cueva de Belén donde los pastores protegían a sus animales de las heladas por las noches.

Por qué Dios decide nacer en un lugar así? Tan pobre, tan descuidado, probablemente hediondo e insalubre, sin siquiera lo más mínimo? Rodeado de pastores, gente sencilla. Qué representa esta opción por la carencia, donde no hay nada que esté a la altura de quien viene al mundo? No puede ser coincidencia, no es azar, entonces, tratemos de leer esta señal, tratemos de interpretar este signo.

Lo primero es la lectura evidente (espero que sea también evidente para ustedes) y que tiene que ver con la Opción inequívoca que hace Dios por la Pobreza y en particular por los Pobres. Es el gesto con aquellos que nada tienen, con aquellos que viven y conviven con la carencia. En otras palabras es la opción que hace por los marginados, los desechables, los que nada tienen.

La segunda es una lectura distinta, que tiene que ver con el lugar escogido, con esa gruta, con esa cueva que comparte con animales, con ese espacio desaseado, tal vez con un desagradable hedor. Aquí me detengo... Si Dios quiere hoy nacer nuevamente en el corazón del ser humano, entonces cada mujer y cada hombre es ese portal, esa cueva, que está llena de carencias, donde no siempre hay buenos olores, dicho en palabras de hoy... este espacio "es lo que hay", es lo que podemos ofrecer, ni tan cómodo, ni tan lujoso, una cueva pobre. Que más quisiéramos que algo mejor para este Niño pero es lo que somos, ni más ni menos.

De ahí nace esta reflexión, del caer en la cuenta que podemos sentirnos esa Cueva de Belén. Y que queremos que esté lo mejor posible para recibir al Señor de la Historia, pero al fin y al cabo más ordenada, un poco más aseada, sigue siendo una cueva, seguimos siendo nosotros mismos.

Entonces queda que nos preguntemos, ¿Estará disponible mi gruta, la cueva de mi personal Belén para recibir al Niño que cambiará la historia? (Y en algunos casos Aquel que cambió nuestra propia  y personal historia).

Que en estos días, puedas descubrir el sentido genuino del Nacimiento del Niño de Belén y que en tu gruta haya espacio para acogerlo.


Mauricio Naranjo Vera
Diciembre 2013

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